miércoles, 18 de julio de 2012

La autoridad del vago



Un artículo de Santos Ochoa Torres
 

La ley de Autoridad
      El pasado 10 de junio, por decisión del gobierno regional,  los maestros y profesores de Castilla La Mancha somos legalmente considerados autoridad. La ley creada por  dicho gobierno en las Cortes de Castilla La Mancha es una copia casi literal de la misma ley que en Madrid se aprobó hace ya aproximadamente un año. Parece que hasta en esto somos una especie de sucursal o apéndice de la comunidad vecina. En este sentido, y con la perspectiva suficiente ya de un año, es fácil comprobar la nulidad en efectos de esta oportunista y superflua ley. Superflua, ya que la Fiscalía General del Estado ya consideraba a efectos legales como autoridad mucho antes, como lo atestigua una circular remitida en 2008 a todas los fiscales de España. Incluso también aquello que la ley nos “vende” como una novedad, ya existía también desde hace años, tal como el Servicio de Atención Jurídica o el Seguro de Responsabilidad Civil para maestros y profesores.
      Por otra parte,  si queremos analizar empíricamente la impresión de los profesores madrileños un año después de haber “disfrutado” de tan eficaz de la ley, debemos decir que muchos de ellos piensan que incluso a veces genera más problemas de los ya existentes con los alumnos, ya que los padres también se suman en ocasiones al conflicto en defensa de sus hijos agrediendo al maestro si fuese necesario. Con lo cual el problema se magnifica aún más.
      En los Presupuestos Generales del Estado, el PP expone en el apartado de Educación, que considera “esencial la plena escolarización”, aunque en realidad estén haciendo todo lo posible para que eso no sea así, quitando becas de comedor, becas de transporte escolar, cerrando colegios rurales, eliminando plazas de profesorado… También en esos Presupuestos se habla de “insistir en la necesidad de obtener ratios profesor/alumno, alumno/grupos cada vez más favorables”, aunque la respuesta a qué entienden por “más favorables” la tenemos en el parlamento de Castilla La Mancha cuando el PP rechaza  las propuestas del PSOE en sus enmiendas para que se reduzcan las ratios de alumnos, se aumenten las plantillas del profesorado o se complete la acción tutorial docente. Con ideologías como la del gobierno regional se truncará por completo la trayectoria de disminución del fracaso escolar que en el conjunto del Estado ya venía apreciándose: en 2011 el índice de fracaso bajó hasta el 26%, cifra aún alta respecto de la media europea, pero sensiblemente mejor de la de 1990 que ascendía al 40%. Esto indica que la dirección que llevábamos, aunque mejorable, era la correcta.

Conceptos, símbolos y realidad
      Cambiar de nombre a las cosas, incluso a las personas,  no las hace distintas. Los conceptos sólo son palabras para señalar la realidad y así no tener que cargar con ella cuando deseemos mostrarla. Pero la realidad es tozuda, ciega, sorda y se  comporta en la manera en que lo hace  independientemente de cómo la designemos, e incluso de lo que pensemos de ella. No faltan los refranes castellanos que lo exponen mucho mejor que yo: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, o “El hábito no hace al monje”, o aquello que Quevedo indicaba al final de El Buscón cuando, refiriéndose a Pablos, señalaba que no por cambiar de lugar donde vivir, cambia uno su ser, su personalidad. Al respecto de la nueva Ley de Autoridad del Profesor,  esta no nace ni se mantiene porque le peguemos en la frente al maestro una etiqueta escrita donde diga “Soy autoridad” o  por ponerle una tarima para hacerle más visible ante sus alumnos, como también proponía Esperanza Aguirre.

Etimología y aclaraciones sobre los términos
     Pero empecemos por diferenciar y aclarar el significado de dos conceptos: autoridad y potestad.
     Cuenta Rafael Domingo, catedrático de derecho romano, en un brillante artículo publicado en el diario El País, que en una noche de octubre de 1927, Don Ramón del Valle-Inclán asistía al estreno de una obra de teatro de Joaquín Montaner y que al final de uno de los actos comenzó a vociferar desde el patio de butacas “¡Muy mal!, ¡muy mal!“ provocando un grandísimo escándalo. De inmediato, unos agentes se acercaron hasta él para llevárselo a comisaría y se presentaron diciéndole: “Somos la autoridad, debe Vd. Acompañarnos”, a lo que Don Ramón les contestó: “Aquí, en el teatro, la única autoridad soy yo”. Aún así acabaron llevándoselo, ya que aunque tenía razón, los agentes tenían potestad para poder expulsarle de la sala de butacas.
      Con esta anécdota se ilustra perfectamente la distinción que existe entre autoridad y potestad, así como los errores que cometemos al emplearlos. En el caso de Don Ramón, si los agentes se debieran expresar con absoluta corrección debieran haberse presentado como “agentes de la potestad”, de la potestad que el Estado les confiere y reconoce para imponer el orden y la seguridad. El derecho romano decía de la potestas que es el poder socialmente reconocido y se ostenta  cuando se tiene “capacidad legal que el pueblo le confiere para hacer cumplir la ley”. En cambio, la auctoritas es la legitimación socialmente reconocida. Esta no se logra por un cargo, etiqueta ni convección alguna, sino por el prestigio y la consiguiente admiración en la faceta de que se trate. Y esto es lo que Valle-Inclán hacía valer  ante los agentes de la potestad. Ambas, auctoritas y potestas, son reconocidas socialmente, pero la auctoritas se asienta sobre la legitimidad, el respeto y la convicción; la potestas sobre la legalidad, la imposición y la convección.

El equilibrio y la armonía entre auctoritas y potestas
      Pero la potestas sólo es legítima si está equilibrada con el peso de la autoridad. El equilibrio se rompe cuando el abuso entra en juego. Pero sólo puede abusarse de la potestad, del poder conferido, pero no de la autoridad. Es una expresión errónea decir que se abusa de la autoridad. No puede abusarse de la autoridad como no puede abusarse de la belleza, la bondad, la justicia o la sabiduría. La autoridad sólo puede merecerse o perderse. El abuso sólo puede ejercerse desde la potestas, sobre el poder, y cuando eso ocurre ese abuso conduce a la corrupción, que es la utilización de lo público para beneficio propio, menoscabando con ello la capacidad del Estado como garante de la protección y el fomento de los derechos de los más débiles.
      El gobernante que así rompe la armonía entre potestas y auctoritas, cuando es consciente de ello, intentará hacer creer, prostituyendo el lenguaje para manipular la realidad, que dicha ruptura es tan inevitable que se hace por el bien de los administrados, que es un medio para preservar al Estado de males mayores (Maquiavelo dixit), que las decisiones que se toman desde esa ruptura son dolorosas para el gobernante. Si es necesario, decía al respecto de igual manera Maquiavelo, el príncipe, o nuestros gobernantes para el caso que nos ocupa,  puede incluso llegar legítimamente a la traición. Tal traición ya está servida cuando en nuestro país se cierran servicios públicos tan sólo porque se impone según el criterio de otra nación aunque sea indirectamente. 

La autoridad del vago
      Maestros, ¡qué palabra!, y profesores se sienten “manoseados” en los últimos tiempos por los políticos neoliberales. Los utilizan como si de papeles se tratara. Primero nos colocaron en la frente la etiqueta de “vago” y, poco tiempo después, cuando se percataron de la posible rentabilidad electoral de llamarnos “autoridad”, nos colocaron también la etiqueta de “autoridad” en la nuca, por no hablar de otras partes nobles traseras. Me pregunto si esos políticos pueden imaginar el desorden de conceptos que los alumnos  tienen en sus conciencias cuando les pide que consideren autoridad a alguien a los que meses antes se les tildaba de vagos por esos mismos políticos. 
      Con todo ello tan sólo se busca el desprestigio de la escuela pública, de sus maestros y profesores; y la mejor forma de lograrlo llega de la mano de aplicar el viejo truco de, primero, cortarle el suministro económico para después, cuando todo empiece a ir mal, la sociedad misma en su conjunto acabe condenándola sin reparar cuáles fueron las causas, ya lejanas, del mal funcionamiento. De esta manera, la escuela privada sale indemne de dicho daño, o incluso beneficiada,  ya que ese corte de suministro económico de lo público se trasvasa  a lo privado y a sus conciertos que parasitan el dinero público. De esa forma, el objetivo está logrado: que la educación sólo esté al alcance de quien pueda pagársela. Finalmente, la educación se pervierte como el mejor instrumento para generar el efecto contrario del que naturalmente persigue, que es la igualdad, pasando a ser un vehículo de dominación inspirado por criterios particulares de rentabilidad económica.

Arrogancia presuntuosa
     Pensaba Platón que los ciudadanos más sabios debían ser orientados por el Estado para ser los gobernantes. Hoy, los que tenemos en el gobierno de nuestra comunidad autónoma lo creen al contrario. Es decir, creen que por haber sido elegidos bajo sistemas democráticos de listas cerradas, sólo por eso ya están a la altura de aquellos sabios, incluso más que eso, ya que se creen con potestad para poder conferir autoridad, por ejemplo, a determinados ciudadanos en sus profesiones como los maestros,  sólo por el poder que los ciudadanos les otorgan para gobernar mediante la creación de leyes.
      Ese poder conferido por el pueblo, esa “potestas”, que diría el derecho romano,  suele ser un espejismo que confunde al gobernante que llega a creer que por el hecho de detentar la postestas, también goza de autoridad,  de “auctoritas”. Incluso creen que la auctoritas se genera o se transfiere a golpe de ley como si de un órgano corporal se tratase. Su ignorante, presuntuosa y endiosada soberbia les lleva a confundir fácilmente cosas que en democracia deben estar muy claras, como es la diferencia entre legalidad y legitimidad, potestad y autoridad.
      La historia nos da testimonios bastantes de que cuando se abusa del poder conferido es para sufrimiento de los ciudadanos. Este abuso sólo puede controlarse desde el derecho a la pluma, que diría Kant, o simplemente desde la autoridad de determinados líderes que acaban convirtiéndose en el timón de la historia, como diría por otro lado Hegel. Tanto un aspecto como otro, a veces han resultado  mucho más eficaces incluso en el control democrático que la misma separación de poderes. El gobernante es depuesto cuando él ha cortado el cordón umbilical  desde el que le llega el poder, que está en la autoridad del pueblo.
      Para el buen gobierno es necesaria la potestas, pero siempre debe aspirar a que sus acciones y decisiones no sólo sean legales, sino que aspiren al mayor grado de legitimidad posible para poder llevarlas a cabo con autoridad sin acudir a técnicas de manipulación  o imposición coactiva alguna. Los mejores recursos para ello son la exposición verdadera a los ciudadanos de los principios que les inspiran, la coherencia y el ejemplo.  Todos estos aspectos han sido traicionados por nuestros gobernantes de la Junta sin excepción y por el PP a nivel nacional. Respecto de sus verdaderos principios, bajo la excusa de la situación económica retiran dinero y trabajadores de los sectores más sociales del Estado  para debilitarle o incluso aniquilarle, ya que es el garante de la cohesión social que defiende al más débil. Frases rotundamente propagandísticas repetidas ramplonamente como “No podemos gastar lo que no tenemos” tienen un calado fortísimo en la población por su aplastante “lógica”. Pero esa lógica es falaz, ya que lo que no tenemos lo han detraído de lo público para ofrecérselo a la banca, a la educación privada y concertada. Si no, valgan tres datos: uno que el superávit del Estado a finales de 2007 era de 2´5 del PIB; dos, que en ese momento dos tercios de la deuda era privada, cuando ahora por ofrecer ese dinero para “salvar” la banca privada, la tendencia se ido invirtiendo al contrario; y tres, no parece cierto que el estado del bienestar sea un derroche cuando se ha mantenido en todo occidente desde hace 70 años y gobernado por opciones políticas de todo signo.
      Es evidente, por tanto, que se trata de una cuestión puramente ideológica, de claras convicciones que no se atreven a confesar.  Y como apuntaba también Kant, lo que uno no se atreve a confesar es porque es algo malo o incluso monstruoso. Respecto de la coherencia y el ejemplo, no han cumplido con absolutamente nada de lo prometido en su contrato electoral con los ciudadanos. Incluso al contrario, piden por enésima vez austeridad y esfuerzos a los ciudadanos, pero vemos cómo el presupuesto de la Junta de Comunidades  para 2012 asigna a los altos cargos una subida de un 157 %, pasando de 22 millones de € con el anterior gobierno a 56´6 con el actual, y así en un sinfín de comparativas. En cambio imponen un recorte de cientos y cientos de millones de € para educación.  Es justo lo contrario de lo que prometieron a los ciudadanos para acceder al poder, y por ello este gobierno se dirige, si no está ya instalado en ello, a la ilegitimidad y a la falta de autoridad. Sin embargo, nuestro consejero de educación se cree con autoridad para elaborar una ley de autoridad del profesorado que, según él, “será suficiente para reconocer la autoridad del profesor”.
      Este sr. no parece saber mucho de educación ni tampoco nada acerca de lo que es “autoridad”.  Esta sólo se ejerce desde la sabiduría, desde el amor a la escuela, a los chicos y chicas que con su mirada piden que se cultive su persona, desde la tolerancia, desde el diálogo…  La potestas, que él tiene sólo porque el pueblo se la otorga,  se mal utiliza cuando se abusa de ella contra el pueblo, cuando se busca el respeto de sus políticas por medio del miedo y no por la admiración y la natural persuasión derivada de la autoridad. Y, cuando se abusa de la potestas, se acaba perdiendo la auctoritas. Yo le digo que hoy tiene la oportunidad de reflexionar,  de oír las calles y ver si su autoridad está creciendo o no entre los maestros y profesores que él “administra”.

      Debo decirle también, que ni si quiera la potestad socialmente reconocida al maestro, que hoy no parece ser mucha,  será eficaz en aulas con 30 niños de infantil o 42 en bachillerato, enlatados 6 horas diarias en aula repleta durante 9 meses de curso. Con esta sinrazón, llegamos a la cruel y estúpida paradoja en la que, por ejemplo,  la legislación sobre granjas porcinas se preocupa más por los m2 de espacio que debe obligatoriamente disponer un cerdo en su pocilga como espacio vital, que a un niño en el aula.Según el ministro Wert "los niños se socializan mejor si son muchos en las aulas".

       Sólo la autoridad del maestro será capaz de gobernar por convicción a esos chicos y chicas, y ello únicamente se alcanza desde el cariño humano hacia el maestro, por el prestigio alcanzado desde la palabra. Todos mis alumnos enmudecen unos segundos haciéndose un muy bello silencio cuando les pregunto: “¿vosotros podríais agredir a un maestro del que hayáis aprendido algo?”.  Su respuesta es siempre la misma: no. Esa es la autoridad, no la que usted cree que otorga en un papel al que denominamos Ley. La auctoritas, Sr. Consejero, ni aún teniéndola usted, puede transmitirla. La auctoritas se conquista. Lo que usted tiene, “sólo” es la potestas que el pueblo le ha dado temporalmente. Por tanto, no deja de ser una muestra más de su desconocimiento acerca de la profesión del maestro, o simplemente de la soberbia presuntuosa de un político neoliberal  más que debemos sufrir. Le aconsejaría tuviese prudencia para no caer en aquello que le ocurría al rey del genial Saint-Exupery en su estupenda obra “El Principito”, el cual creyó que por ser rey  tenía potestad incluso para ordenar una puesta de sol en el momento que él desease o que el Principito estornudase cuando él lo ordenase. Le recomiendo su lectura, le será de gran ayuda.

Escuela, maestros y padres
      La auctoritas sobre nuestros alumnos e hijos es algo que buscamos maestros y padres. Pero sólo podemos lograr el respeto derivado de la autoridad por medio de dos instrumentos: el miedo o la admiración.  Aunque el respeto verdadero sólo se logra por admiración. Cuando esto no es posible, y se fracasa, entonces el respeto se busca  por la imposición de la  fuerza que no se ha sabido cultivar por medio de  la persuasión derivada de la admiración. Pero parece que lo que actualmente buscan nuestros gobernantes en nuestra comunidad es recuperar la autoridad del maestro de la dictadura, o mejor dicho, la potestas, el respeto por el miedo, que sólo generaba temor y odio a la escuela. Nuestros gobernantes creen que el sacrificio y el castigo parecen ser los únicos instrumentos pedagógicos por excelencia para enseñar. Pero, enseñar es mostrar, orientar, guiar, y esto no es posible si no se cuenta con la voluntad autónoma del alumno para querer dejarse guiar. No es posible orientar a quien no quiere seguir el camino de alguien porque se lo muestra ayudándose de las únicas armas que esgrime el maestro fracasado , que son  el sacrificio y el odio.
      La pérdida de autoridad no sólo es propia de maestros y profesores, también lo es de muchos padres, políticos, religiosos… Unos la han perdido por haber traicionado sus principios, otros por dejar de representar a los ciudadanos, otros por haber traicionado los principios que decían defender. Por ello, actualmente todo apunta al estado de nihilismo nietzscheano en el que la autoridad se pierde porque se han dejado de perseguir valores humanos; porque la cultura, el saber, o el conocimiento han dejado de ser los graneros donde se forjan las personas con autoridad. Ahora sólo se busca el entretenimiento ofrecido por algún idiota militante que se pavonea y hace gala de su ignorancia ante audiencias televisivas anestesiadas y boquiabiertas que acaban deseando imitar a cualquier imbécil que ha hecho fortuna con estas mañas.
      Parece, a tenor de lo que está ocurriendo, que aún no somos conscientes del importante papel de los maestros y maestras en nuestra vida. Ese papel está muy bien mostrado en  un  artículo de una maestra  en paro publicado en el Diario  El País de 12 de enero de 2012, (“Profesores. Examen de conciencia”) en el que decía: “al empezar a impartir clases particulares me di cuenta de un simple detalle que ayuda a entender esa sensación (la de ser maestro). Cuando una familia abre su casa a un maestro, suele invitarle a pasar al salón. Te dejan a solas con sus hijos.  Ponen en tus manos lo mejor que tienen. Esa es la clave de nuestro trabajo.” Eso es autoridad, Sr. Consejero.



5 comentarios:

Elena Fuentes Cara dijo...

¡¡¡Genial, Santos!!! Ya te estaba echando de menos. Genial. Tendré que leérmelo varias veces más para asimilarlo, desmenuzarlo y disfrutarlo. Sabemos cuánto más importante es, como tú dices magistralmente, la auctoritas ganada por el ejemplo que la potestas conseguida por la fuerza. ¡¡Enhorabuena!!

Elena Fuentes Cara dijo...

¡¡¡Genial, Santos!!! Ya te estaba echando de menos. Sencillamente, genial. Tendré que leerlo varias veces más, para desmenuzarlo y disfrutarlo. Sabemos cuánto más importante es, como tú expones magistralmente, la auctoritas regalada por el ejemplo que la potestas conseguida por la fuerza. ¡¡Enhorabuena!!

Juan Carmona Muela dijo...

También decía Maquiavelo que era mejor ser temido que amado. Por eso quienes nos gobiernan no sólo confunden la potestad con la autoridad, como bien has demostrado, sino la autoridad con el autoritarismo, algo que tú también has apuntado sin llegar a explicitarlo. El problema ahora es, ¿cómo ganarse la autoridad con aulas tan masificadas, cómo recuperar la autoridad (y la dignidad) del propio Sistema Educativo con más recortes y menos recursos? Parece que vamos hacia una mezcla genética entre Sísifo y Job. ¿Cuánto esfuerzo, cuánta paciencia y cuánto "amor" habrá que invertir para tener la autoridad que se nos concede en la ley y se nos arrebata en la práctica? Duros tiempos se avecinan.

Meli dijo...

Es magnífico el ensayo. Gracias. Hacen falta muchas personas como tú.

Lisistrata dijo...

He llegado a este blog por casualidad, pinchando en un enlace y tengo que felictarte por la perfección de tu mensaje, creo que vendré por aquí mas amenudo. Se aprende y se comparte lo publicado. Un saludo.